LA BITACORA DEL CORONADO 25_
 
 

Este libro es el recuerdo de hace muchos años con los amigos de toda la vida, una de las muchas aventuras con ellos pero la primera en el mar, yo creo que ninguno de ellos la ha olvidado. Por orden alfabético: Ángel, Antonio, Cristian, Jorge, José Carlos, José Luis, Raúl, Roberto y yo, Pedro Pablo.  

 
 

Mis primeros paseos en bicicleta por el lago de la casa de campo de Madrid establecieron el vínculo que tengo con el agua. Me parecía sorprendente y practico lo fácil que parecía moverse en una canoa. Se avanzaba rápidamente según tu esfuerzo y sin gastar dinero. Siempre pensé que el agua comunicaba muchos de los puntos de la tierra que me interesaba visitar. Comencé con el curso de Kayak para aguas bravas y aunque el nombre parece grabe nada que ver con la piragua de aguas tranquilas cuyo equilibrio raya lo profesional. Pasar de la primera a la segunda supone estar más tiempo dentro del agua que remando; quizás fuese mi edad y mi apreciación, pero me sigo quedando con la canoa o Kayak de aguas bravas que aunque, es más lenta es más estable. Después me interese por el Windsurfing, aunque se necesita bastante fondo físico para dominarlo es divertido. El hermano mayor de este es el Surf, modalidad que empecé muy tarde y que creo que requiere muchas horas de agua o práctica en tierra con el Skateboard, en fin no conseguí dominarlo por falta de práctica. Otro de mis deportes favoritos fue el Ski de montaña, al que dedique mucho dinero y esfuerzo, es una actividad muy agradecida; bajas deslizándote a gran velocidad por pendientes muy empinadas; dependes solo de cómo manejes las tablas que están montadas en tus botas te sientes lleno de satisfacción por lograr bajar sin caerte. Volar; algo que el hombre ha intentado siempre, comencé con 18 años en Monflorite, Huesca, utilizamos los prácticos veleros biplaza de la marca Blanik de origen Checoslovaco. Después me dedique al Ala Delta donde conocí a Ramiro un buen amigo con parecidas aficiones a las mías y propietario de un velero de 8 metros que tenía en Javea. Comenzamos a intercalar el vuelo libre con la navegación. Muchos fines de semana después de trabajar nos desplazábamos a la costa a navegar. El barco se encontraba por razones económicas en medio de la dársena del puerto de Javea. A nuestra llegada aproximadamente a la 1,00 de la madrugada el marinero nos tenía que llevar con un bote desde el pantalán hasta el barco. Sacábamos el fuera borda del interior de la cabina lo poníamos en la popa, conectábamos la gasolina, soltábamos las amarras a la boya de proa y entre el cansancio, la falta de experiencia, la poca luz, hacía que el amarre al puerto fuera caótico, golpes, rozones, enganches, el marinero se desesperaba. Ya amarrados y con la repetitiva bronca del marinero le dábamos una propina para que guardara un silencio cómplice. Con Ramiro y su “Coronado 25” salimos infinidad de veces a navegar por la zona, tiempo después el velero término en el pantano de Entrepeñas. Fue esto lo que me motivo a buscar mi propio Coronado 25barco. Después de muchas horas y conversaciones telefónicas por toda la costa española encontré mi primer velero, un Coronado 25. Sigo pensando que es el mejor barco con una distribución interior increíble para 7,5 metros de eslora. Para mí es un barco ya conocido que me da confianza. A primera vista el velero estaba muy abandonado, nada que ver con las fotos que el vendedor me envío desde el puerto del Masnou. El precio me pareció muy alto; 1.500.000 pesetas. Finalmente y después de mucho tira y afloja lo conseguí por 900.000 pesetas, pintado todo el barco, limpieza interior a fondo, incluyendo pequeñas reparaciones que necesitaba de inmediato e instalar corredera y sonda nuevas. Las velas estaban en un uso medio y aceptable para navegar.
El Coronado 25 es un barco de construcción Española construido en astilleros catalanes. Es un barco de 4 toneladas con borda baja. Las maniobras son algo pesadas y no ciñe al viento muy bien pero debido a su relación desplazamiento y espacio interior la navegación es cómoda. Tiene un buen diseño, camarote doble de proa, comedor que se hace cama doble, cocina, fregadero, taza de wáter, una conejera en el lateral izquierdo con cama individual, buen espacio de almacenamiento, cofre en popa para resguardar el motor fueraborda y espacio para baterías con acceso interior y exterior. Es uno de los pocos veleros de esta eslora que tiene maniobra de spinaker, en fin 7,5 metros muy bien aprovechados. Era mi idea de velero desde que navegue en él. Me desplace al puerto del Masnou en varias ocasiones. El plan era bajar navegando desde este puerto hasta el puerto de Altea donde tenía contratada una boya en medio de la dársena de pescadores, una oportunidad única que aproveche, Ramiro la había dejado cuando se llevó su Coronado 25 al pantano de Entrepeñas. El precio anual de la boya era de 1.500 pesetas, cuando un amarre en el mismo puerto rondaba las 25.000 pts. Durante tres fines de semana hice pruebas con las velas en los alrededores del puerto, maniobras varias, tirar el ancla, recogerla. Cambie pequeñas cosas que facilitaban las maniobras, todo estaba listo.


Preparativos para zarpar

El grupo lo componíamos 4 marineros, 2 hermanos y otros 2 hermanos, Ángel y Roberto, mi hermano pequeño Jorge y yo. Si hubiera ocurrido algo dramático eran dos familias que se iban a pique. Entre todos teníamos pocas horas de navegación, personalmente para mí era un reto yo contaba con las muchas experiencias en el velero de Ramiro que gracias a Díos fueron suficientes para salir de la tormenta que nos esperaba; aunque con muchas inseguridades y muy mal rato. Las travesías costeras parecen no preocupar demasiado a nadie ya que la costa suele estar cerca, es un error toda navegación conlleva un riesgo y hay que calcularlo. Creí no haber descuidado detalle pero el mar siempre te puede demostrar que no es así. Mis exámenes de aquella época fueron muchos, en aquella época te obligaban a empezar desde el nivel más bajo e ir subiendo. El primer título fue el de Patrón de motor 2ª clase, después el de Patrón de vela y después el Patrón de litoral. Con este último aun no podíamos realizar la singladura que estaba planificada pero ya no me quedaba más tiempo. El verano estaba encima y para contar con tripulación tenía que ser durante fechas de vacaciones. Semana Santa de 1991, el velero recién pintado obra viva y obra muerta, dada la patente, reparación de candelero y refuerzo. Mi hermana Lourdes hizo a mano una red para las bandas del candelero que fueron la admiración de muchos entendidos. Las velas lavadas reforzadas en las costuras. Drizas nuevas, cabos nuevos, amarras nuevas. Revisada toda la arboladura, pie de mástil. El motor fueraborda un Evinrude de 15 hp 2 tiempos con media vida gastada. Bote de remos, ancla, tanque de agua, varios tanques de gasolina con mezcla, repuestos varios, pertrechos, un largo etcétera. Todo parece listo, aunque falta la radio, en aquella época no había muchos móviles y los que había en el mar perdían la cobertura rápidamente. Ramiro me consiguió un walky militar, grande, muy aparatoso que a simple vista parecía poder llegar más lejos que cualquier otro medio, error de no haberlo probado con más ahínco, cuando lo necesitamos no valió para nada.

Rumbos travesia Mediterraneo

Zarpamos del Masnou

Todo el grupo subimos desde Madrid en dos coches de alquiler con matrícula extranjera que había que aproximar a la frontera, este sistema era muy popular en las compañías de alquiler de coches, la flota no podía pararse mucho tiempo fuera de cada país y pagaban a conductores por este transfer así que transporte y dinero, plan redondo.
La travesía comienza en el puerto del Masnou y termina en el puerto de Altea. El trazado tiene unos puntos muy significativos, primero a pocas horas de navegación avistar Barcelona. Segundo tramo, rumbo a la plataforma petrolífera frente al delta del Ebro. Todos los entendidos comentan lo peligroso que supone las barreras incontroladas que forma la desembocadura del río más caudaloso de España. No vamos a correr peligros y la ruta más corta entre dos puntos es siempre la línea recta que es la que pasa entre Barcelona y las islas Columbretes, encontrándonos la plataforma en medio. Además siempre es interesante ver una estructura como esta. Tercera referencia las islas Columbretes, contamos con pasar por la zona exterior. Cuarta referencia el Cabo de la Nao. Quinta el Peñón de Ifach y último tramo hasta arribada en el puerto de Altea. Esta travesía es la más lógica, discutida entre los entendidos y los no tanto, pero los acontecimientos obligaron a cambiar el plan y no pudimos cumplir con lo programado. Evidentemente se acordó que si en algún momento encontrábamos mala mar, la ruta a seguir sería más costera y menos mar abierto, como así ocurrió al final.
El parte meteorológico inicial era más que aceptable, nos encontramos en un anticiclón para los próximos 4 o 5 días, con vientos costeros fuerza 5 del noreste, pudiendo rolar a levante en cuyo caso subiría a fuerza 6, lo que nos vendría de maravilla. Puerto del Masnou
La compra para los próximos cuatro días: embutidos: chorizo, salchichón, jamón serrano, jamón york y queso; Tengo que añadir que el queso esta siempre en la lista de la compra, no soy muy quesero y nada partidario de llevarlo en el barco pero no discuto al respecto, la experiencia es que nadie lo come. No tengo explicación ninguna, pero siempre se termina por tirar sin empezar, curioso. Barras de pan y pan de molde. Fruta variada: melón, sandía, peras, manzanas y naranjas. Bebidas: Zumos, Coca cola, leche, agua y unas ricas cervezas.
La costa catalana estaba ya bastante masificada, muchos edificios cercanos a costa que crean una línea de iluminación durante muchos kilómetros seguidos. El personal del Masnou fue muy correcto pero nada amigable. El comercial de la náutica una vez pagado todo era como que no quería coincidir conmigo……., tampoco yo lo buscaba. Desayunamos algo en un pequeño bar frente al puerto, de los pocos abiertos y con poca variedad de productos, solo tenía magdalenas, me faltaron mis porras o bien mis churros, no es lo típico en la zona. El negocio del bar es el turismo y parece que después de la fiesta nocturna no madrugan para desayunar.

Ropa de abrigo a mano, cartas pilladas en la mesa, compás, ruta en papel, reglas, lapicero, calculadora, prismáticos, son las 10,30 de la mañana, ZARPAMOS.
Salimos de puerto, es una bocana muy abierta de fácil maniobra, el mar está tranquilo. Una suave brisa del noreste, ponemos velas, es un viento portante, algo flojo, quizás suba a lo largo del día, llevamos 3 nudos en la corredera, a 209º en el compás. Dos horas después avistamos Barcelona, toda la tripulación a la expectativa, turnando los prismáticos. Mucha vela en la zona, no hay donde ir así que todos los veleros haciendo largo de estribor, virada y vuelta con largo de babor. Algunos curiosos se acercaron a nuestro rumbo para saludar. Durante las primeras horas me dedique a mentalmente hacer revisiones de las velas, las jarcias, todo me preocupa, una rotura por sobre carga supondría parar la travesía y tengo un tiempo limitado, tenemos que llegar a destino. La travesía corre sin incidencias, las velas van como al principio el viento no baja pero tampoco sube, la temperatura es de verano, hemos ido quitándonos ropa de abrigo. Los primeros bocadillos caen rápidos, bien cargados de embutido, a mí personalmente no me gusta mezclar salchichón con chorizo o jamón york hay distintos gustos y opiniones. Entrado el medio día salen las primeras cervezas, frías como tiene que ser, compramos hielo y van en la nevera. El tiempo pasa, hablamos de muchas cosas, cual es el velero perfecto, claro que en este momento es en el que vamos. Planes de futuro para visitar las islas Baleares, regatas locales algunas muy famosas como “A2” con salida desde Altea. La costa se va yendo nos despegamos cada vez más pero seguimos avistándola. La tarde llega enseguida, nos ponemos ropa de abrigo impermeable, la humedad es muy alta y se pega a la piel tienes sensación de sudor frió. Muchos relevos de timón, me reservo para navegar en la noche aunque nadie se quiere ir a dormir.


Plataforma petrolífera del Ebro

Plataforma de petroleo del Ebro
Quedan minutos para amanecer, navegamos a motor, la vela mayor izada para estabilizar. El timón lo lleva mi hermano Jorge. El mar está plato, hace pocos minutos que vemos en el horizonte un punto rojo del tamaño de una lenteja en un fondo denso y oscuro, podría ser nuestro punto de referencia, la plataforma petrolífera, eso quiere decir que entramos en aguas dulces del río Ebro, la zona tan temida por los veleros con grandes orzas. Vamos a rumbo seguro, con un fondo de más de 120 metros de profundidad. La costa no está lejos podemos ver las muchas luces que iluminan las poblaciones. El punto rojo cambia de color, las luces del alba lo difuminan. El rumbo esta clavado hacia el punto centelleante así que vamos bien, quiero recordar que navegamos con compás y carta de navegación, no existía el GPS, por lo menos no en versión comercial económica. Cada minuto que pasa hay más curiosidad por el horizonte, la tripulación está levantada, los turnos de noche no se han respetado y hemos dormido pocas horas. Todos queremos saber si los cálculos de la carta son acertados para no meternos en aguas poco profundas. Vamos separándonos de la costa y en la misma medida cada vez hay menos luces, el alba lo inunda todo. El roció es pegajoso, no hace frió, pero hay que tener algo de abrigo e impermeable la sensación es de mucha humedad. El cielo está pincelado con nubes finas altas, todo indica que tendremos un día espléndido de sol, nada hacía presagiar lo que tendríamos en la tarde. Llegamos a la plataforma se hizo eterno vimos su figura desde lejos pero nunca llegábamos, el mar se estaba levantando, el típico movimiento de mareas por influencia de la luna; El viento va subiendo y parece de levante, aun nos viene bien. Quitábamos el motor pero a vela hacíamos 3 nudos y a veces menos, poníamos motor, al entrar en los últimos 800 metros para llegar a la plataforma un barco de apoyo de la compañía petrolífera que hace veces de seguridad viene a nuestro encuentro, el rumbo que llevamos es de colisión con la base de la plataforma y eso no van a permitirlo, hacemos un viraje y tomamos un rumbo exterior. Pasamos más cerca de lo que yo pensaba, la gente desde arriba nos saludaba, eran las 7,30 de la mañana. Nuestra siguiente referencia son las islas Columbretes y por fuera, 225º es el rumbo más recto para luego enfilar el cabo de la Nao. Si mantenemos el rumbo a las Columbretes nos separamos unas 8 horas de costa, la tripulación en consenso está de acuerdo en no cambiar, seguir con el plan inicial. Pasa la primera hora el mar se pone incomodo mucho meneo de agua con olas cortas poco viento para estabilizar barco aun así comienza el desayuno, Ángel se toma un buen litro de leche con galletas, hay mucha comida, cada uno toma algo distinto, yo no soy de mucho desayuno prefiero el almuerzo de media mañana. Observamos la costa ya más alejada y vacía; mucha tierra firme con vegetación, es la desembocadura del Ebro, la línea de tierra se alarga sin construcciones, algunas millas más al sur se encuentra la entrada a la laguna de San Carlos de la Rápita punto de seguridad si nos encontramos con mala mar. El viento sube, el mar también y aun siendo a favor nos golpea de aleta y es molesto, gastas mucha energía ajustando tu cuerpo al envite y buscando no golpearte la espalda al regreso del paso de ola. El Coronado 25 tiene borda baja así que cualquier salpicón sube a bordo y te mojas, es el momento en el que te preguntas que haces ahí. Las horas pasan y las velas nos llevan a buen ritmo 5 nudos, el rumbo es difícil respetarlo por los envites de aleta. Ángel abre un melón ofrece gajos es bueno porque tiene azúcar y te hidrata, a la mayoría no le apetece y poco a poco Ángel va comiendo y comiendo hasta que se lo termina, el comentario después de ver terminado todo el melón es que lo que se empieza se acaba, no tenemos mucho espacio para conservar bien una fruta tan pringosa, si se guarda en la nevera con los botes de cerveza lo pringaría todo. El melón no era muy grande pero entre la un litro de leche, las galletas y un melón entero…. El mar está subiendo cada vez más, nada bueno para una digestión pesada, el viento era algo más de fuerza 6. Ángel en la bañera recostado en el mamparo de entrada a la cabina con la capucha del abrigo subida no parecía nada feliz, su estómago se resentía, no es para menos. Tomamos la decisión que puesto que llevamos un buen ritmo añadir un día más a la travesía no tenía importancia, buscábamos un suave rumbo a costa para llegar a Castellón de la Plana 248º. Plataforma petrolifera del Ebro
Gracias a que tomamos esta decisión de forma fortuita, evitamos pasar más horas horribles, el mar era típico de un levante medio fuerte, los rociones de agua ya se subían de tono. Empezamos a notar que el cielo se cubría no demasiado pero si con esas nubes deshilachadas arrastradas por vientos fuertes. Nos cruzamos con pesqueros que volvían de faenar, se nos echaban encima sin ningún miramiento, cruzaban nuestra proa sin contemplaciones viendo que íbamos a vela, provocaban que abriéramos el rumbo hacia tierra para evitar riesgo de colisión o eso nos parecía, pensábamos que era por llegar primero para vender mejor el pescado, aun así con lo ancho que es el mar tener que llegar a nuestro rumbo para interceptarnos ya es difícil. Todos estos acontecimientos empezaron a preocuparnos, intentamos conectar la radio del futbol la que utilizas para oír los partidos cuando estas en casa tumbado en la cama, esos partidos que en aquella época solo estaban radiados, bueno pues con esa radio intentamos sintonizar para recibir algún parte meteorológico, nada solo música, o entrevistas con una mala recepción, la costa estaba lejos, calculábamos que a unas cuatro horas.

La tormenta

Ya entrada la tarde después de haber comido unos buenos bocadillos analizamos nuestra situación, el cielo no pintaba bien, había nubes troceadas, no cubrían todo el horizonte pero nos parecían una amenaza. El viento estaba ya en fuerza 6/7, las olas de 1,5 metros y muy seguidas. Según mis cálculos y buscando la ola más cómoda con el viento menos dañino para soportar la navegación el punto de refugio recomendado seria Castellón de la Plana. Si la cosa se ponía peor teníamos varias referencias antes pero el mar se ponía más incómodo intentando guardar otros rumbos que no fuera el que llevábamos. Llego el momento de preguntar por radio el parte meteorológico, es lo más razonable para saber que nos espera, tiene pinta de ser un levante de aúpa. Roberto comienza con mensajes a la estación de radio de Castellón, después Oropesa de Mar, luego Alcoceber todos los puertos y estaciones de radio que considerábamos cercanas, no hay respuesta ni siquiera interferencias, tampoco hay nadie en el mar, estamos solos, los pesqueros desaparecieron fueron como una plaga que paso de largo. Tenemos muy claro donde tenemos la costa pero no la vemos, el mar con el oleaje nos impide ver bien el horizonte, la precisión de nuestra posición actual es del 80%, Ángel esta acurrucado y lógicamente no se siente bien, en este momento piensas que quizás el barco no es el adecuado para este mar, se queda pequeño frente a estas olas, el viento infla mucho la vela mayor no tengo rizos en la vela así que tenemos lo que tenemos, el foque carga y descarga viento según el ángulo que deja la mayor, llevamos un rumbo portante de aleta con cuidado de no cambiar de amura, Jorge se encuentra apoyado en la tapa del tambucho de cabina podría golpearle la botavara, Jorge es los ojos de horizonte de proa para evitar sorpresas. Somos cuatro, Roberto está a mi lado en la banda de babor damos la espalda a la ola según llega, yo llevo el timón de pala, el barco con esta mar comienza a ser poco gobernable un tercio del tiempo el timón se encuentra fuera del agua vamos subidos en un “tío vivo”, las olas ganan envergadura ya tienen más de 3 metros, según el argot naviero vamos corriendo el temporal a favor de ola, vamos rápidos aunque los pantocazos al paso de la ola nos frenan, nos escupe hacia atrás, se nota su fuerza. Ya no estoy seguro de nuestra posición respecto a costa, la corredera indica la fuerza del agua y no la velocidad real del velero, ahora es el momento de usar el GPS que aún no está comercializado. La pérdida exacta de localización crea inseguridad pero en cuanto tengamos luces podremos ir leyendo nuestra posición con el código de luces de los puertos. En esta costa hemos dejado atrás los grandes faros solo nos queda el de Oropesa de mar y me gustaría avistar lo, de momento no es el caso, soy una cafetera a punto de abrir la tapa para desbordarme pero como buen capitán no debo en ningún caso contagiar mi sensación al resto de la tripulación aunque tapar lo evidente…. Tengo que decir lo de ponerse el chaleco salvavidas, ropa de abrigo e impermeable, es un momento que nadie pensaba que podría llegar viendo el parte meteorológico, pero estamos aquí y esto es el mar, la indisposición de Ángel nos ayudara a llegar antes a costa pero tenemos más de cuatro horas por delante.Olas de tormenta
Pongo motor para conseguir más efectividad en el momento que la popa entra en el agua, las olas están ya por los 4 metros y es mucho para un velero de 7,5 de eslora, da miedo mirar como vienen las olas, son torres que nos atacan por detrás. La noche va entrando solo hago que mirar al frente para encontrar con ansiedad el faro de Oropesa y vuelvo la cara rápidamente para ver el ciclo de la ola que viene, llevo más de cuatro horas remando con el timón, orzar, orzar, orzar, arribar, mis brazos ya no dan más de sí, necesito relevo pero nadie quiere coger el timón. Ángel esta tumbado en la bañera mirando a popa lleva el acelerador del fueraborda en la mano y cada vez que la popa entra en el agua me da potencia para conseguir no perder avance, no quiero pensar que ocurriría si esas torres invadieran la bañera y al estar tan seguidas desalojar el agua rápidamente iba a ser todo un problema. Mi hermano conserva su posición apoyado en la tapa de la cabina, el también vigila cualquier luz que aparece en el horizonte, Roberto se encuentra a mi lado y me ayuda a mover el timón yo le digo cuando y él es el que tira orzando para corregir rumbo de caída de ola y evitar quedar cruzarnos al mar, rápidamente arribamos el timón para no cambiar el rumbo y coger adecuadamente la ola que viene, una vez y otra de la misma manera. Van todos atados con sus arneses de seguridad y chalecos. La vela mayor soporta mucha presión habría que recogerla pero nunca es buen momento las olas son muy altas de repente se suelta el amantillo de la botavara cayendo esta sobre la cubierta y es mi hermano Jorge quien sujeta la vela, no tenemos muchas posibilidades para corregir el fallo cada uno se encuentra en una tarea y es imposible recuperar el amantillo. Jorge amolla la botavara como puede al candelero para evitar oscilaciones incontroladas de la botavara. Lo lógico sería arriar la mayor y dejar el génova pero después de la pérdida del amantillo se hace muy difícil la maniobra, si al bajar la vela perdemos arrancada o el agua inunda la vela podíamos tener un problema mayor, optó por cambiar el génova por un foque pequeño, el único que puede hacer la maniobra es mi hermano Jorge sugiero que lo haga pasando por la cabina y no por cubierta expuesto a las olas, tiene que abrir el tambucho de proa recuperar el génova desde el hueco, e izar el foque, en una de las escoras veo que Jorge se apoya en el candelero con medio cuerpo fuera del hueco y este se desengancha, Jorge casi se cae al mar, hubiera sido lo peor que podría haber ocurrido, la superficie del mar tiene poca visibilidad y las maniobras serian increíblemente difíciles para recuperar un hombre al agua, afortunadamente Jorge consiguió aferrarse a otras piezas y recuperar el equilibrio, Roberto acudió en su ayuda sujetándolo por la cintura desde el interior de la cabina, volvieron a repetir la maniobra del cambio de vela. La mayor es la que nos lleva y estabiliza en lo posible el barco, no están las cosas para quedarnos sin arrancada, Ángel actúa perfectamente con el acelerador del fueraborda, se ha olvidado de su mal estar. El mar sigue subiendo creo que vamos entre olas de 7/8 metros de altura, es fácil calcular la altura de las olas, cuando estamos en la parte baja del seno entre ola y ola la cresta de la ola que viene está a la altura del tope de mástil 8 metros. El tiempo pasa, vemos luces, la costa se aproxima. Soy el único que no está atado por si tengo que reaccionar inesperadamente, Roberto me sujeta del cinturón del pantalón por detrás con su mano, casi me hace daño de lo que aprieta, en uno de los pantocazos salgo disparado al lado contrario de la bañera, llevándome el timón a la otra banda del barco, escoramos al límite llegando a entrar agua por la borda esto solo pasa unos segundos en los que oigo que alguien gritaba nos hundimos, con la ayuda de Roberto como pude me recupere y tiramos los dos del timón recuperando el rumbo, si la vela mayor hubiera cargado agua es muy posible que no hubieras podido recuperar adecuadamente la verticalidad. La luna está en cuarto menguante razón de la marea viva, su iluminación entre alguna rápida nube nos permite ver lo que nos rodea a la perfección. No hay fotos del momento solo sensaciones y nada agradables. Cada minuto se convierte en una nueva pesadilla, los movimientos son mecánicos cada uno en su tarea. Vemos las luces de un puerto ponemos en lo posible rumbo al mismo, estaremos a unas 5 millas parece Oropesa de mar, también veo que por popa otro barco se aproxima, posiblemente un pesquero pequeño con sus luces roja y verde pretende entrar en el mismo puerto no hago más que verle subir y desaparecer al bajar, me preocupa más la proa aunque la proximidad del pesquero por nuestra popa no es tranquilizante. Insistimos para lograr entrar en puerto pero la corriente nos empuja al sur si forzamos rumbo podíamos quedarnos atravesados a las olas y eso sí que no lo aguantaría el barco. El pesquero ha desaparecido al volver a mirar no está, me imagino que desistió entrar en Oropesa, es imposible con este oleaje, no tenemos suficiente motor. Cedemos rumbo nos dejamos llevar hacia el sur seguimos con la primera idea, Castellón. El mar amaina algo, conseguimos arriar la mayor y navegar con foque, el amantillo no lo hemos podido recuperar se ha subido a mitad de mástil y enrollado en la cruceta. El motor y el foque nos aporta suficiente arranque y las olas van bajando, vemos la playa a escasos cientos de metros, el fondo es seguro, alguien en su crispación sugiere embarrancar y terminar la aventura lo más rápidamente posible, salvaríamos solo las cervezas. De repente como si alguien hubiera desenchufado un ventilador el caos que nos empujaba con olas y viento desaparecen, no fue gradual, ocurrió en escasos minutos, todo se calmó, ¿probablemente por nuestros rezos?, ¿cómo premio a la constancia?, daba igual. Media hora después a las 4 de la madrugada encontramos una dársena pequeña entre edificios, no era un puerto y notaba que tocábamos un poco el fondo con la orza, estábamos en marea baja, tire dos anclas en bigotes de gato, mi cansancio era tal que mi cuerpo no me permitía seguir, mis brazos simplemente no estaban, mi sistema nervioso se desenchufo como el viento y el oleaje, me quede sentado dormido en la conejera por cierto estaba mojada, creo que no había nada seco ni en el exterior ni en el interior del jo… barco.

Puerto de Castellon de la Plana
La calma

Noto que los rayos del sol entran por los ventanucos me levanto sobresaltado el anclaje que hicimos ayer noche no era muy seguro, saco la cabeza y me encuentro en un puerto en el club náutico de un bonito puerto, bien amarrados, en aguas tranquilas, muy seguras, es la mañana siguiente de un nuevo día, sin viento sin meneo. Observo que el barco esta por completo desarmado, por donde mires los cabos sueltos, las velas sujetas de aquella manera, mucha ropa tirada en la bañera completamente empapada así como náuticos, chalecos y demás pertrechos. Estoy solo en el barco, la tripulación restante Ángel Jorge y Roberto, debieron levantar anclas vieron que aquella zona no era segura y por lo visto después de una hora a motor entraron en el puerto de Castellón de la Plana, es lo que me dijeron, no recuerdo nada de todo eso, me lo perdí, los pocos sentidos que tenía se desconectaron, habían amarrado en puerto y se habían ido a desayunar, me alegro, volví al camastro a seguir durmiendo, estaba agotado.
Un largo rato más tarde noto que alguien sube a bordo, la tripulación vuelve del desayuno, se pasaron un buen rato comentado sus maniobras de anoche, como levantaron las anclas, que casi el motor toca fondo, que podíamos haber embarrancado, horas antes me pedían que fuera yo el que llevara el barco a embarrancar a la playa para terminar la pesadilla. Entre todos llevaron el barco a puerto y a un amarre seguro. En poco tiempo el mar te espabila y resuelves momentos difíciles con un inmejorable resultado. La estampa del barco visto desde fuera era como si hubiéramos pasado un ciclón, todo los amantillos sueltos, drizas, escotas, era el reflejo de lo que habíamos pasado.
Necesito una buena ducha caliente, la que eche de menos cuando estábamos en medio del maremágnum y paz, mucha paz. Salimos a comer, hemos dejado el barco tal cual quedo queremos olvidar el día de ayer. Llamamos a más personal para que vengan en nuestra ayuda Raúl, Cris, se incorporan mañana. Durante la comida hay motín a bordo dicen que ya han cubierto mucho recorrido y que no piensan seguir, nadie desea pasar de nuevo algo parecido, dejamos el tema tal cual no es el momento de insistir. Las tareas de endulzar velas, material, ropa, náuticos, secar el interior y un largo etcétera nos llevó muchas horas de la tarde.
La llegada de más amigos anima el asunto, unos paseos para visitar la ciudad, buenas comidas, unas cervezas frías y mucha conversación pero nada referido al mar, no es el momento. El puerto de Castellón así como su ciudad me parecieron estupendos, tiene un aire colonial con buen gusto. En el puerto nos indicaron que ayer tarde se levantó un viento local que dura unas horas y que levanta olas grandes, les ha ocasionado muchos problemas a barcos de la zona, no hicimos ningún comentario.
Después del merecido descanso encaro la propuesta para seguir la navegación hasta Altea, prometo no despegarme de la costa una distancia por la que cualquiera podría saltar al agua y nadar hasta la playa, acordamos que al más mínimo indicio de mal rollo a tierra como fuera y donde fuera, con este acuerdo zarpamos. Cris va por tierra llevando el coche que han traído desde Madrid, nos veremos en Altea.Cabo de la Nao
Zarpamos pronto, a las 8,00 de la mañana dejamos la bocana de Castellón por la popa, tenemos por delante unas 180 millas y dice la tripulación que de un tirón son aproximadamente un par de días. No hay viento vamos a motor, tenemos de nuevo los tanques de gasolina llenos, izamos mayor para estabilizar, vuelvo a revisar mentalmente de nuevo todo, jarcias, velas, cabos, drizas, amantillos, he reforzado los nudos, he puesto un cabo para poder arriar la mayor desde la bañera en caso de emergencia, todo va en calma, el cielo despejado. Nuestro rumbo tal como acordamos sigue un trazado seguro pegados a costa es más entretenido ir viendo el paisaje, cada rincón después de un pequeño cabo, playas ocultas de difícil acceso, urbanizaciones construidas en parajes prohibidos. En este rumbo no cazamos viento, se discute si salimos un poco más de la costa para poder meter vela y ahí vamos, al dejar la orografía de costa tenemos una ligera brisa que nos lleva, vuelve a ser un noreste muy ligero. Las horas pasan, comemos, cervecitas, algún chupito de ron añejo para entrar en calor, la puesta de sol, cae la noche y con ella el viento, ponemos motor, vamos charlando amigablemente de cosas de barcos, voy sentado en la regala del bordo de babor somos más tripulación y hay el mismo espacio en la bañera, voy casi pegado al agua de repente veo una sombra grande negra que sale del agua a mi espalda, no sé qué pensé, que me atacaban, salte como un resorte a la banda contraria y no recuerdo a quien golpee pero fue un buen golpe, un grupo de delfines juguetones nos acompaña, esta es la forma de darse a conocer en medio de una noche oscura, la luna aún no ha salido. Después del susto retomamos los chupitos, las cervezas, vamos confiados el mar esta plato, llevamos rumbo al cabo de la Nao. Nos encontramos a unas 15 millas de lo que vislumbramos como Valencia, de repente en nuestra popa un foco enorme, solo el foco sin ruidos, sin palabras, silencio, como nos quedamos también nosotros, no vemos quien nos enfoca pero por lógica seria la guardia civil o costas, no tenemos nada que esconder, hombre si nos hacen la prueba del alcohol damos seguro, bajo la velocidad del motor y me levanto prefiero que vean que no somos peligrosos, deberían estar comprobando el nombre y la matricula del barco sin mediar palabra se apaga Peñon de Ifachel foco y con un sigilo espectacular solo con un rumor pequeño de motor desaparecen de nuestra escasa visibilidad, esto nos sirvió para que unos estuviéramos de acuerdo en la seguridad de estas acciones, otros dicen que deberían haberse identificado, fue la conversación de un buen rato hasta que poco a poco fueron cayendo los tripulantes en los brazos de Morfeo, comenzamos los turnos de guardia dobles, estuve con Roberto casi 5 horas de la noche, hasta que vimos amanecer. Ya veíamos a lo lejos el cabo de la Nao donde cambiaríamos de rumbo. Se levantó una brisa suave que nos permitió apagar motor y poner velas, con esta última acción nos fuimos a dormir. Los siguientes días vimos paisajes maravillosos, la costa nos proporcionaba vista de lugares que por tierra no hubiéramos descubierto. Dejamos atrás Moraira, Calpe. Recibimos la visita de grupos de delfines en varias ocasiones, doy gracias a dios por una travesía tan tranquila y sin más incidentes. Fuimos pasando por cada uno de los puntos marcados en la travesía el Peñón de Ifach donde vimos una gran cantidad de medusas circundando la alta roca, daba miedo pensar en caer al agua el mar estaba lleno de esos bichos pegajosos y urticantes.


La llegada a Altea
Puerto de Altea

Una mañana soleada después de virar en el peñón de Ifach podemos ver el rincón donde se encuentra Altea, vamos según lo previsto, superamos la pared de Toix también la isla del ratón donde se celebran todos los años uno de los mejores fuegos artificiales en el agua, miles de embarcaciones se quedan varadas en los alrededores para observar tal festival de luces y ruido.
Son las 11 de la mañana, amarramos en el puerto de Altea y programamos una buena paella en el club náutico para celebrar nuestra epopeya, los recuerdos persisten, las experiencias se acumulan, esto fue el comienzo de años de navegación por los mares que se pusieron a nuestro alcance.

 
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